El recorrido por Medina del Campo gira en torno a su castillo, su plaza mayor y la memoria de sus ferias.
El Castillo de la Mota es el gran símbolo de la villa. De origen medieval y levantado en ladrillo, fue reforzado por los Reyes Católicos en el siglo XV con una barrera artillera, y desde 1904 está declarado Monumento Nacional (hoy Bien de Interés Cultural). Además de fortaleza, sirvió como prisión de Estado: entre sus presos estuvieron César Borgia y Hernando Pizarro. Hoy pertenece a la Junta de Castilla y León, acoge cursos y congresos y se puede visitar: la planta baja es de acceso gratuito, y para subir a la torre del homenaje y recorrer los subterráneos hay visitas guiadas.
En el casco histórico están la Colegiata de San Antolín, en la plaza mayor, y el Palacio Real Testamentario, donde murió Isabel la Católica en 1504.
El Museo de las Ferias recuerda el pasado comercial de la villa, y cada agosto la Semana Renacentista (Feria Renacentista «Imperiales y Comuneros») la devuelve a los siglos XV y XVI, con desfile, mercado, recreaciones y el espectáculo del «Incendio de Medina».
En la mesa, el plato de referencia es el lechazo asado al horno de leña, al que se dedican unas jornadas gastronómicas anuales, acompañado de vinos de la D.O. Rueda.