El tercer día es el que cambia el viaje. Con dos jornadas ves Valladolid capital; con la tercera sales de la ciudad y descubres que la provincia tiene un castillo sobre un cerro, la denominación de origen de vino tinto más famosa de España y monasterios en mitad del páramo.

Mañana: plaza de San Pablo, Palacio de Pimentel y Museo Nacional de Escultura.
Mediodía: pinchos por calle Correos.
Tarde: Catedral y subida a la torre, Santa María la Antigua y Plaza Mayor.
Noche: Campo Grande y cena por el centro.

Valladolid combina tranquilidad, seguridad y cercanía, ofreciendo una experiencia auténtica donde el viajero se siente un vecino más.
Mañana: Museo Patio Herreriano y Mercado del Val.
Mediodía: vermú en la zona Coca.
Tarde: Casa-Museo de Cervantes, Casa de Colón y Palacio de Fabio Nelli.
Noche: paseo por el Pisuerga y la Playa de las Moreras.
Peñafiel está a unos 55 kilómetros, poco más de media hora por la N-122. Es la excursión clásica y la que mejor funciona.
El castillo de Peñafiel se ve desde muchos kilómetros antes de llegar. Ocupa toda la cresta de un cerro estrecho, con unos 200 metros de largo por apenas 20 de ancho: de ahí esa silueta de barco varado que sale en todas las fotos.
Dentro está el Museo Provincial del Vino, y es una visita más seria de lo que uno espera: explica el suelo, el clima extremo de la Ribera y por qué la tempranillo se comporta aquí como en ningún otro sitio.

Aquí sí toca sentarse. Estás en la zona del lechazo asado en horno de leña y conviene reservar, porque los asadores buenos se llenan los fines de semana. Antes o después, baja a la Plaza del Coso: una plaza de toros medieval rodeada de casas de adobe con balcones de madera, todavía en uso en agosto.
Hay de todo: subterráneas excavadas bajo el propio cerro, familiares en pueblos como Pesquera o Valbuena, y bodegas de autor con arquitectura de firma. Casi todas exigen reserva previa y muchas cierran los domingos por la tarde.
Si prefieres cambiar el vino por patrimonio, a veinte minutos tienes el Monasterio de Santa María de Valbuena, cisterciense del siglo XII, con un claustro que justifica el desvío por sí solo.

Regreso a la capital para cenar. Si has catado, deja el coche: hay autobús entre Peñafiel y Valladolid, aunque con pocas frecuencias, y varias empresas ofrecen excursiones de día completo con transporte incluido.
Coche prácticamente imprescindible. Las excursiones a la provincia se hacen mal en transporte público: las frecuencias son escasas y los horarios no encajan con las visitas.
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