La guía más completa para visitar el patrimonio y espacios esenciales de Valladolid en un fin de semana

Dos días es la medida natural de Valladolid. Es el tiempo que pide la ciudad para verse sin atropellos: el primer día para el Valladolid monumental, el de la corte y los conventos, y el segundo para el que casi nadie visita y es el que engancha, el del arte contemporáneo, el río y los mercados.
Valladolid es una capital esculpida en piedra que esconde un legado histórico monumental en cada esquina. Pasear por el entorno de la Plaza Mayor, admirar la imponente fachada de San Pablo o perderse en la calma del Campo Grande son paradas obligatorias para entender el alma de la ciudad.
Al contrario de lo que hace todo el mundo, no empieces en la Plaza Mayor: empieza en la plaza de San Pablo. A primera hora la luz da de frente en la fachada y es cuando se aprecia el relieve de esa portada de gótico isabelino, tallada con un detalle que parece un retablo sacado a la calle.
En la misma plaza tienes el Palacio de Pimentel —donde nació Felipe II— y el antiguo Palacio Real, residencia de Carlos V y, tres siglos después, de Napoleón. Aquí estuvo la capital de la Monarquía Hispánica entre 1527 y 1559: eso explica por qué una ciudad de este tamaño tiene este patrimonio.
A veinte metros, el Museo Nacional de Escultura. Con dos días puedes dedicarle las dos horas que realmente merece.

Valladolid destaca por ser una ciudad tranquila, segura y acogedora, donde el turismo convive de forma natural con la vida local.
Baja hacia calle Correos y Plaza Martí y Monsó. Cada local tiene una o dos creaciones propias, muchas salidas del Concurso Nacional de Pinchos que se celebra aquí cada noviembre.
La Catedral se entiende mejor por lo que no tiene. Herrera proyectó un templo colosal; se levantó una fracción, y de las cuatro torres previstas solo queda una en pie. Sube al campanario.
Justo detrás, Santa María la Antigua, con su torre románica de más de cincuenta metros. Sigue por la fachada barroca de la Universidad y termina en la Plaza Mayor pasando por el Pasaje Gutiérrez.

Cierra el día en el Campo Grande, con sus pavos reales y su estanque, entrando desde Plaza Zorrilla junto a la Academia de Caballería.
Posterior a este paseo, te recomendamos buscar un buen restaurante en el que poder cenar y coger fuerzas para el segundo día.
El segundo día cambia de siglo. El Museo Patio Herreriano ocupa parte del antiguo monasterio de San Benito y reúne más de mil obras de arte español contemporáneo. El contraste con el museo de ayer es lo que hace interesante esta jornada: de la talla barroca a Chillida en dos manzanas.
Sigue hasta el Mercado del Val, el mercado de hierro decimonónico reformado hace unos años. Es donde compra la gente de aquí.

Si ayer hiciste Correos, hoy toca la zona Coca, algo más al sur, con un ambiente distinto y barras de mucho nivel. El vermú de mediodía del domingo es una institución local.
Tres casas-museo que se hacen en una tarde. La Casa-Museo de Cervantes conserva la vivienda donde vivió el escritor, amueblada según los inventarios de la época. El Museo Casa de Colón recuerda que Cristóbal Colón murió aquí, en 1506, olvidado y pleiteando.
Si vas con niños, cambia este bloque por el Museo de la Ciencia, junto al río, con planetario y el acuario fluvial al lado.

Termina bajando al Pisuerga. El paseo fluvial une la Playa de las Moreras —una playa de arena en pleno casco urbano— con el parque de la Rosaleda. Al atardecer, con el reflejo de los puentes, es el mejor cierre posible.
Ojo con el lunes: si tu fin de semana es domingo y lunes, invierte el orden de los días y mete los museos el domingo. La mayoría cierra los lunes.
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